Por qué no tomamos más vino?

Por más que consideremos privilegiada la posición geográfica de Panamá, no producimos vino.  Por mucho que nos esforcemos, no es posible producir vino de calidad en estas latitudes.  Es inversamente proporcional a la producción de café, en lo que cada día destacamos más.


Sin embargo, gozamos de una amplia variedad de vinos de todos los países productores, gracias a que por nuestro Canal pasan un sinnúmero de barcos con productos procedentes de todas partes del mundo.  Es así entonces que tradicionalmente no hemos sido enseñados a tomar vino.  Cuando yo era pequeña, siempre me enseñaron que el vino era para las fiestas.

Aunque Panamá ha ido despertando su curiosidad en este tema y cada vez tenemos más marcas, estilos y actividades relacionadas con el vino, nuestro consumo per capita ronda los 2.5 litros por año.  Si comparamos con países productores como Chile (18-20 lt/año), Argentina (24-26 lt/año) o Francia (45-47 lt/año), nuestro consumo pareciera incipiente, pero la ventaja es que vamos en aumento.


Uno de los factores que inciden en este bajo consumo es que no conocemos del tema. En países productores, el vino está encima de la mesa desde que nacemos.  Su conocimiento se da de manera natural.  No hay que ir a clases a entender del tema, simplemente se va experimentando con lo que da la tierra y probando se va determinando qué acompaña mejor a cada plato.  Por supuesto, está el conocimiento heredado, pues se van sirviendo algunos platos con ciertos vinos y estas tradiciones van pasando de generación en generación.



Brindis entre amigos

Tomar vino es una delicia, pero tenemos que tener claro que hay muchos estilos, variedades, aromas y sabores.  No por ser vino, todo va con todo.  A veces, por desconocimiento, podemos estropear un muy buen vino por servirlo en el momento incorrecto, a la temperatura que no es, con el acompañamiento menos indicado! Pero esto es justamente porque cada vino ha sido desarrollado regionalmente para acompañar algún plato que se producía en la región.


Y como no hay nada más personal que el gusto, hay que darle oportunidad al paladar de que evalúe y defina su preferencia. 

No podemos decir que el vino no nos gusta sin haberlo probado bien antes. Todo dentro de su contexto.

Algunas personas me dicen que no les gusta el vino dulce.  Pero claro, si me sirven un carísimo y delicioso Icewine canadiense como aperitivo, además de que me va a quitar el apetito, lo encontraré totalmente empalagoso.  Sin embargo, si me lo brindan frío, acompañando mi postre (crème brulé; por ejemplo) seguro que la experiencia será más que satisfactoria, pues el dulce del postre se balancea con el del vino, dejándome percibir además la acidez del último.  Mmmmm...!!!


Lo mismo sucede con algunas variedades.  Hay personas que me dicen: "a mí no me gusta el Chardonnay", pero hay que tener presente que esta misma cepa, extendida y cultivada por todo el mundo, no sabe igual ni siquiera, viniendo del mismo país de origen.  Cada bodega define su propio estilo.  

Es así que los invito a probar y seguir probando, experimentar y dar oportunidad a su paladar de conocer y disfrutar de este precioso líquido.


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